NÚCLEO PROBLÉMICO:
¿Cómo se aborda La Naturaleza Genérica desarrollada a partir de el sexismo en los diferentes grupos culturales tanto en los hombres como en las mujeres a través de las diferentes etnias?.
PREGUNTAS GENERADORAS:
1. ¿Cómo opera la discriminación lingüística en las mujeres, en cuanto a la enseñanza y aprendizaje y el modo de usar el lenguaje?.
Una de las variables sociolingüísticas más estudiadas, analizadas y comentadas es la del sexo o género. Su correlación con las distintas variantes lingüísticas resulta muy significativa ya que, en principio, hombres y mujeres hablan de forma diferente. Pero ante una realidad que parece clara, tanto la nomenclatura (sexo o género) así como las teorías existentes y su aplicación resultan muy controvertidas, ya que están implicadas variadas características biológicas, culturales y sociales. A esto se suma el desacuerdo existente en poner el énfasis en una u otra categoría o en varias simultáneamente.
Una de las cuestiones cruciales en este tema es si las diferencias entre hombres y mujeres se deben a su propia naturaleza o son aprendidas culturalmente desde la infancia. No son pocas las teorías que se inclinan de uno u otro lado y, por otra parte, es muy frecuente el abuso de los tópicos y de los prejuicios para estudiar esta variable en el terreno de la sociolingüística.
Las primeras investigaciones sobre el rol del sexo en el uso de la lengua apuntan a una consideración feminista, basada, obviamente, en el dominio social del hombre sobre la mujer, que se refleja en los usos lingüísticos de ambos. Baste con observar la postura de Lakoff (1975), claramente encaminada a buscar y a subsanar las desigualdades entre los sexos a través del uso y de las interpretaciones lingüísticas. Ella misma señala al inicio de este trabajo que su intención es aportar pruebas distintivas del tipo de desigualdad existente en la sociedad (1975:32).
Esta idea del uso de la lengua en función del dominio se pone muy en boga durante la década de los 70 y de los 80. Por otra parte, el interés por observar dicha distribución en etapas infantiles ha dado lugar a diversas investigaciones sobre las distinciones entre la lengua de los niños y las niñas. Si se mantiene que las diferencias biológicas existentes entre ambos acaban por convertirse en distintas formas de hablar que se consolidan en la etapa adulta, estaremos ante una aproximación del sexo o del género basada en la diferencia. Si, por el contrario, se considera que las diferencias entre los sexos vienen dadas por la distinta socialización de que son objeto los hombres y las mujeres, estamos ante una aproximación basada en el dominio. Dominio y diferencia son, por lo tanto, los dos pivotes sobre los que han girado los análisis del sexo o género.Una concepción más realista de la influencia del factor sexo en los usos de la lengua debe estar basada en el estudio del comportamiento de hombres y mujeres en relación con otros hablantes y en la producción de su discurso en cada tipo de sociedad (Lozano 1995:75), relacionando las distintas formas de hablar con las distintas formas de interactuar, ya que, como señalan Cameron y Coates hay demasiados componentes sociológicos que deben ser incorporados en la metodología sociolingüística (1993:24). Analizar la interacción sociolingüística da como resultado un mejor conocimiento de las distinciones lingüísticas entre los sexos (Eckert y Mc Connell-Ginet 2003:50, Kendall y Tannen 2003:548).
2. El término GENERO es polisémico: ¿Bajo qué enfoque y proyección debe manejarse?.
Con respecto a las diferencias de géneros, los dos ámbitos de trabajo establecidos por la sociolingüística coinciden plenamente con las dos líneas de acción de las lenguas. Por un lado, el estudio del sexismo pone en evidencia cómo la visión dominante de la sociedad y de las relaciones entre los géneros es, predominantemente, masculina.La segunda línea de investigación se ha dirigido, en cambio, a tratar de elucidar si existe un sociolecto femenino (una forma de habla típicamente femenina) o, al menos, un estereotipo de habla y conversación femeninas. La existencia de diferencias lingüísticas asociadas al género implicaría tanto la existencia de diferencias sociales (especialmente, diferencias de poder) como de diferencias culturales (una visión diferente de la realidad, diferentes valores y diferentes comportamientos sociales).
Esta línea de trabajo permite, además, valorar la naturaleza y la intensidad de los cambios sociales, puesto que las diferencias existentes parecen estarse atenuando. Este cambio estaría vinculado tanto con el rechazo de la mujer de los distintos estereotipos sociales y lingüísticos como lo que Fairclough denomina la "democratización" del discurso, que conlleva que las asimetrías de género en el discurso se vean cada vez más cuestionadas (Fairclough 1992, capítulo 7).
3. ¿Qué se entiende por la existencia de un sociolecto femenino?
Entre las aportaciones de la sociolingüística al estudio del habla femenina destaca la contribución de Robin Lakoff (1975 y 1982). Esta autora propone la existencia de un conjunto de rasgos lingüísticos que aparecerían con mayor frecuencia en el habla de las mujeres, especialmente en las conversaciones mixtas. Estos rasgos diferenciales se presentarían en todos los niveles lingüísticos.Por lo que se refiere a las diferencias en la entonación y en la variedad de tonos empleados, Lakoff observa mayor variedad de patrones de entonación, así como algunos rasgos específicos, entre los que destaca el que se dote a las oraciones afirmativas de entonación de pregunta. En el nivel fonológico, se ha señalado en las mujeres un comportamiento más conservador y apegado a la norma. Ambos rasgos denotarían inseguridad y consciencia de la falta de legitimidad y de la descalificación social.En lo relativo al vocabulario, Lakoff señala algunas particularidades en las elecciones léxicas y en la frecuencia de aparición de algunos términos (distinciones léxicas, en campos específicos como el color, por ejemplo, términos como magenta, malva, etc; profusión de adjetivos valorativos positivos como adorable, encantador, divino, etc). Lo mismo ocurriría con todos los elementos que sirven para dar énfasis, como diminutivos y superlativos. Igualmente, de acuerdo con Lakoff, las mujeres utilizan giros y fórmulas de cortesía que sustituyen a las formas imperativas (por ejemplo: "¿no te apetecería ir al cine?" o "¿por qué no vamos al cine?" en lugar de "vamos al cine"). Emplean, además, elementos que atenúan sus afirmaciones o expresan duda (por ejemplo, modalizadores epistémicos, como "creo que es así", "quizás/ probablemente, sea así"). Por último, recurren, a menudo, a preguntas eco ("¿no te parece?", "¿verdad?", "¿no?", "¿eh?") con las que tratan de asegurarse de que cuentan con la aprobación de su interlocutor, evitando el conflicto. En el nivel discursivo, Lakoff señala que las mujeres citan, con frecuencia, las opiniones de otros individuos o grupos que corroboran y legitiman las propias afirmaciones (citas de autoridad). La presencia de estos recursos en la interacción se incrementaría en los contextos comunicativos en los que se hacen más patentes las desigualdades de poder (conversaciones mixtas y contextos particulares, como los tribunales, etc.: véase, O'Barr y Atkins, 1980).
Sin embargo, todos estos rasgos deben ser considerados como elementos lingüísticos que conformarían el estereotipo de habla femenina, antes que como marcadores de género o elementos que definen a un sociolecto femenino. Estereotipo que responde también a cómo se enseña a hablar a las mujeres, el cual negaría a la mujer la posibilidad de expresarse con fuerza y rotundidad, y favorecería una expresión ligada a la trivialidad y a la falta de criterio propio.
Las mujeres pueden adherirse en mayor o menor grado a este estereotipo y la sola presencia de alguno de estos rasgos puede servir para evocarlo.
4. ¿Qué se entiende por sexismo lingüístico y cómo opera?
Los estudios sobre el sexismo se han ocupado de cómo las lenguas "tratan" a las mujeres. Se parte de la hipótesis de que en la lengua común aparecen una serie de recursos y estrategias lingüísticas que desempeñan un papel en el mantenimiento de la dominación masculina, ocultando la participación de la mujer en la sociedad, imponiéndole una imagen estereotipada y silenciando sus puntos de vista. La cuestión es, por tanto, evaluar si existe, de hecho, sexismo en la lengua y a través de qué recursos se manifiesta.Entre los fenómenos en los que los lingüistas han encontrado con más frecuencia manifestaciones sexistas figuran (para una exposición más detallada, véanse los artículos reunidos en Bernis et al. 1991, en particular García Meseguer, 1991):1) el desequilibrio en las formas de tratamiento que señalan la falta de independencia que se atribuye a la mujer, así como las diferencias de status (términos que marcan el estado civil de la mujer como "señora "/"señorita" o "mi mujer"/"mi marido"; uso frecuente del nombre de pila y sus diminutivos para la mujer, frente al uso del apellido para designar al varón);2) fenómenos que imponen a la mujer una imagen descalificadora como duales aparentes (con distinto significado en masculino y en femenino: "un profesional"/"una profesional"); asociaciones estereotipadas ("mujeres listas o histéricas" frente a "hombres inteligentes o estrenados"); vacíos léxicos para referirse a ciertas cualidades y actividades, presentándose un problema cuando el referente es una mujer ("hombre de estado"; "caballerosidad"); insultos que atribuyen el universo de lo positivo al género masculino ("ser cojonudo" frente a "ser un coñazo") y refranes sexistas (véase Calero, 1990):3) fenómenos que ponen de manifiesto el arraigo de una visión masculina de la sociedad y de los actores sociales: vocablos androcéntricos, especialmente, el léxico de la sexualidad, que transmite y afianza una visión violenta del acto sexual, como forma de sometimiento del otro, mientras que todo lo que se refiere al gozo y al placer parece reducirse a los que experimenta el género masculino (véase García Meseguer, 1988: 182; Calero, 1991: 381); ausencia de formas, femeninas en el léxico referido a oficios y profesiones. La incorporación de la mujer a cargos públicos y la tendencia, cada vez mayor, de los hablantes a marcar el género plantean problemas de denominación para los se existen ya distintas estrategias de resolución (véase Nissen, 1991); saltos semánticos que indican que los masculinos extensivos incluyen ambos géneros no se emplean o no se interpretan, de hecho, como tales, produciéndose, en el mejor de los casos, equívocos y ambigüedades, y excluyendo a la mujer del discurso en numerosas ocasiones ("yo contrato siempre trabajadores competentes, ... con las mujeres, los criterios de selección son otros").
SEXISMO DE LA LENGUA
Los investigaciones muestran, por un lado, el cuestionamiento del sexismo de la lengua, que responde, cada vez menos, al sentir de la sociedad. Por otro, se aprecia la desaparición de algunos de los rasgos que integraban el estereotipo de habla femenina, especialmente el rechazo a asumir la posición de agente y la atenuación de las afirmaciones. Esta desaparición está en conexión con la legitimación del discurso femenino y con el fortalecimiento de la posición social de la mujer, hecho que refuerza una explicación de la diferencia basada en las diferencias de poder (más vinculadas al feminismo de la igualdad): si estas diferencias se equilibran, las diferencias lingüísticas entre los géneros dejarán de perfilarse con claridad (véase Martín Rojo, 1995). Sin embargo, se mantienen los aspectos relacionales del discurso femenino, especialmente la consideración del interlocutor por medio de procedimientos diversos. El mantenimiento de este aspecto relacional no tiene que explicarse, necesariamente, mediante un argumento esencialista, siempre muy controvertido, que considere "el cuidado y la atención al otro" como un rasgo esencialmente femenino sino que puede explicarse como una positivación de un rasgo que permite al sujeto, una vez cuestionadas las estructuras de dominación, mantener, aunque reelaboradas, algunos de los aspectos que han contribuido a definir su identidad. Esta postura, vinculada al feminismo de la diferencia (somos iguales en derechos, pero somos diferentes), se encuentra hoy con mucha frecuencia entre mujeres que han fortalecido su posición social (véase, Martín Rojo el al., 1995, tanto para el mantenimiento de estas estrategias discursivas como para la búsqueda de nuevas formas de maternidad).Es evidente que desde la escuela se puede contribuir a paliar todos aquellos rasgos lingüísticos que contribuyen a colocar a la mujer en una posición de desigualdad. Es posible minar el sexismo y, muy especialmente el androcentrismo, negándose a reproducir las prácticas sobre las que se sustenta. Es posible modificar la imagen de la mujer, mediante una educación igualitaria en la que las mujeres desempeñemos un papel clave, ofreciendo ejemplos y modelos nuevos, que no interiorizan la descalificación, ni la inseguridad. La escuela puede conformarse, además, como un foro abierto en el que pueden vencerse comportamientos que marginan, como la resistencia femenina a hablar en público. En ella, pueden también favorecerse comportamientos que no parece preciso abandonar, como la existencia de un discurso basado en la cooperación.Con el término género me referiré, como ya es habitual en las ciencias sociales, al conjunto de fenómenos sociales, culturales y psicológicos que se asocian a las diferencias de sexo. La palabra género tiene, además, un significado plenamente establecido en lingüística, en tanto que una clasificación de los nombres, significativa desde el punto de vista gramatical y con implicaciones en distintas manifestaciones de la concordancia. Ambas acepciones aparecerán con frecuencia a lo largo de este artículo. Por ello, y con el fin de no crear confusión, llamaré al primero, género, y al segundo, género gramatical, aunque ello haga, a veces, aún más pesada la exposición.Una visión androcéntrica del espacio laboral supone el que no se considere a la mujer un elemento central en ese espacio, sino subsidiario y marginal. Esta visión se asocia, inevitablemente, a prácticas sexistas, como el que se la ignore como candidata a ocupar puestos de responsabilidad o el que su incorporación al trabajo esté supeditada a su asimilación al varón (tanto en los usos y tnodos de comportamientos como renunciando ala maternidad) (véase Martín Rojo y Callejo, 1995).Debe tenerse en cuenta que a la hora de explicarse las diferencias entre los géneros se ha recurrido con frecuencia a la oposición razón-pasión. La razón (es decir, las capacidades lógicas e intelectuales) se asignaban al género masculino, mientras que las vinculadas a aspectos físicos, emotivos y pasionales se expulsaban fuera, encarnándose en la mujer. Los grupos dominados (inmigrantes, habitantes del Tercer Mundo, determinados grupos étnicos) suelen encarnar dentro de los valores masculinos del llamado "mundo occidental" el papel de sujetos "dominados por las bajas pasiones". Dentro de la misma línea de investigación de Lakoff destacan, entre otros Coleman (1971), Crosby y Nyquist (1977), los trabajos reunidos en Thorne et al. (1983), algunos de los cuales han fracasado a la hora de corroborar las diferencias que los estereotipos sugieren (p. ejemplo Dubois y Crouch, 1976).
Otros trabajos sí han comprobado algunas de estas diferencias, pero únicamente en determinados contextos (p. ejemplo Crosby y Nyquist 1977, Jay 1980), o bien cuando aparecen asociados a otras variables, como el poder (p. ejemplo O'Bar y Atkins, 1980). Recientemente, también se ha iniciado el estudio sobre las diferencias de género en el uso del lenguaje en lenguas no occidentales (véase, p. ejemplo, Light, 1982), sobre el chino, Shibamoto, sobre el japonés, y diversos artículos en Philips et al., 1987).Recuérdese que, para sociólogos como Goffman (1977), "la distribución de papeles entre los sexos se establece en nuestra cultura sobre el modelo de la que existe entre padres e hijos, lo cual incluye tanto el afecto como el control asimétrico".
La sociolingüística: Sexo o Género
Una de las variables sociolingüísticas más estudiadas, analizadas y comentadas es la del sexo o género. Su correlación con las distintas variantes lingüísticas resulta muy significativa ya que, en principio, hombres y mujeres hablan de forma diferente. Pero ante una realidad que parece clara, tanto la nomenclatura (sexo o género) así como las teorías existentes y su aplicación resultan muy controvertidas, ya que están implicadas variadas características biológicas, culturales y sociales. A esto se suma el desacuerdo existente en poner el énfasis en una u otra categoría o en varias simultáneamente.Una de las cuestiones cruciales en este tema es si las diferencias entre hombres y mujeres se deben a su propia naturaleza o son aprendidas culturalmente desde la infancia. No son pocas las teorías que se inclinan de uno u otro lado y, por otra parte, es muy frecuente el abuso de los tópicos y de los prejuicios para estudiar esta variable en el terreno de la sociolingüística.Las primeras investigaciones sobre el rol del sexo en el uso de la lengua apuntan a una consideración feminista, basada, obviamente, en el dominio social del hombre sobre la mujer, que se refleja en los usos lingüísticos de ambos. Baste con observar la postura de Lakoff (1975), claramente encaminada a buscar y a subsanar las desigualdades entre los sexos a través del uso y de las interpretaciones lingüísticas. Ella misma señala al inicio de este trabajo que su intención es aportar pruebas distintivas del tipo de desigualdad existente en la sociedad (1975:32). Esta idea del uso de la lengua en función del dominio se pone muy en boga durante la década de los 70 y de los 80. Por otra parte, el interés por observar dicha distribución en etapas infantiles ha dado lugar a diversas investigaciones sobre las distinciones entre la lengua de los niños y las niñas. Si se mantiene que las diferencias biológicas existentes entre ambos acaban por convertirse en distintas formas de hablar que se consolidan en la etapa adulta, estaremos ante una aproximación del sexo o del género basada en la diferencia. Si, por el contrario, se considera que las diferencias entre los sexos vienen dadas por la distinta socialización de que son objeto los hombres y las mujeres, estamos ante una aproximación basada en el dominio. Dominio y diferencia son, por lo tanto, los dos pivotes sobre los que han girado los análisis del sexo o género.Una concepción más realista de la influencia del factor sexo en los usos de la lengua debe estar basada en el estudio del comportamiento de hombres y mujeres en relación con otros hablantes y en la producción de su discurso en cada tipo de sociedad (Lozano 1995:75), relacionando las distintas formas de hablar con las distintas formas de interactuar, ya que, como señalan Cameron y Coates hay demasiados componentes sociológicos que deben ser incorporados en la metodología sociolingüística (1993:24). Analizar la interacción sociolingüística da como resultado un mejor conocimiento de las distinciones lingüísticas entre los sexos (Eckert y Mc Connell-Ginet 2003:50, Kendall y Tannen 2003:548). Estudio diferencial entre Estilo Informativo y Estilo Relacional.Para Tannen (1990) estas diferencias culturales llevan a que las mujeres pongan un mayor énfasis en la intimidad de manera que su forma de conversar se proyecta sobre el eje de la solidaridad. Los varones, en cambio, ponen el énfasis en la independencia de manera que su estilo conversacional se proyecta sobre el eje del poder: el varón tendería a subrayar las diferencias jerárquicas y a marcar su status. Intimidad e independencia imponen distintas exigencias y así, para quienes ponen énfasis en la intimidad, la conservación de transmitir el metamensaje ``estamos próximos y somos lo mismo". En cambio, para quién pone en énfasis en la independencia, el metamensaje será ``somos distintos y separables". Los conflictos son ,en consecuencia, frecuentes. Muchos de los comportamientos conversacionales de la mujer, que buscan asegurar la intimidad, son, a menudo, interpretados por el hombre como intromisiones o peticiones de solución. Veamos un ejemplo, tomado de Tannen (1990):(6) M1. ¿Has visto qué cicatriz me han dejado?M2. Ya, sé como te sientes. Yo me sentía igual después de la cesárea. M3. Tienes que sentirse como si hubieran violado tu cuerpo. V. No te preocupes, mujer, siempre puedes hacerte la cirugía estética y quitarte la cicatriz.M1. Lo siento mucho por ti, pero no pienso volver a pisar un quirófano.V. Pero si a mí no me disgusta. Este tipo de malentendido, así como el hecho de que las intervenciones de las mujeres en público sean probadamente menos frecuentes que las de los varones, lleva a Tannen a defender dos estilos conversacionales diferentes:1. Un estilo informativo (report talk) propio de los varones, para quienes el habla es un medio de preservar su independencia y de negociar su status dentro de la jerarquía. Entre los medios para la consecución de este objetivo figurarían la exhibición de conocimientos y habilidades, así como acaparar un lugar en la conversación: por ejemplo, mediante relatos, chistes, suministro de información. El lugar más adecuado para su desarrollo serán los grupos amplios, en los que los vínculos no son muy estrechos, pues en situaciones íntimas resulta más difícil conversar sin suministrar información personal.2. Un estilo relacional (rap port talk) propio de las mujeres en el que se suceden las marcas de solidaridad. Las estrategias conversacionales se orientan, en este caso, al establecimiento de conexiones y a la negociación de la relación. El énfasis recae en la exhibición de similitudes y en la aportación de experiencias comparables. Entre los medios para la consecución de este objetivo, figuran las estrategias de la cortesía positiva, el suministro de datos privados, etc. El lugar más idóneo para desarrollar estas estrategias son los grupos pequeños, en el hogar, entre amigos. Sin embargo, la mujer también utiliza estas estrategias en público, lo que le lleva a ser valorada negativamente; por ejemplo, se ha comprobado cómo en el aula, o en reuniones de empresa, las mujeres aportan experiencias personales como ejemplos.Tannen no explica cuál es el factor que desencadena la aparición de estilos y subculturas tan distintos. Sin embargo, parece alejarse cada vez más de una explicación basada en las diferencias de poder (Tannen, 1984). Las diferencias culturales no surgen, sin embargo, de forma espontánea. Habría que preguntarse por qué niñas y niños se educan por separado, por qué desarrollan valores tan distintos. Y aquí las respuestas posibles son numerosas: su diferente socialización (explicación psicoanalítica, muy arraigada hoy en el feminismo de la diferencia), su diferente esencia (argumento arraigado en el discurso sexista, pero también en algunos desarrollos del feminismo de la diferencia), o bien mantener, como hacemos en nuestras conclusiones, una explicación basada en las diferencias de poder que no ignore las diferencias entre los géneros.
Análisis critico de las incidencias socioeconómicas y culturales de cada – país en el determinismo sexismo
Actualmente se utiliza cada vez más la voz 'género' en sustitución de sexo para destacar los aspectos culturales, psicológicos y socialmente construidos del sexo, diferenciándolo de sus componenetes meramente biológicos. Los estudios sociológicos sobre esta cuestión se han desarrollado extraordinariamente en todo el mundo en el último cuarto de siglo, en respuesta al malestar de las mujeres ante el modo tradicional de asignación y reparto de papeles sociales: autoimagen, acceso a la educación, empleo, leyes, cargas y privilegios, apropiación de los resultados de la investigación, control del cuerpo, enjuiciamiento moral, etc.Desde este punto de vista, el sexismo se considera como una ideología similar al racismo que, por un lado, contiene prejuicios y prácticas discriminatorias hacia las mujeres, y, por otro, creencias que dan por sentadas las diferencias "naturales" entre hombres y mujeres, que sirven para explicar la constitución del entorno social diferenciador, por el cual las mujeres se ven limitadas y discriminadas desde la infancia hasta la madurez, de manera que sólo pueden adoptar roles propios de su condición, roles que merman sus capacidades y derechos, y las convierten en seres dependientes por causa de los constreñiminentos de los papeles específicos de su género.¿Hasta qué punto las diferencias en el comportamiento de mujeres y hombres son producto del sexo más que del género? En otras palabras, ¿hasta qué punto se deben a diferencias biológicas? En esta cuestión hay dos posturas irreconciliables. Unos, los defensores del determinismo biológico, defienden la existencia de diferencias físicas causantes de la desigualdad entre los sexos, mientras que los otros, por el contrario, afirman que no existen diferencias físicas o genéticas entre hombres y mujeres, y que, en consecuencia, cualquier diferencia es un producto de la sociedad, que al mismo tiempo es susceptible de ser eliminada.Muchos autores sostienen que existen diferencias estructurales de comportamiento entre las mujeres y los hombres que aparecen, de una u otra forma, en todas las culturas. En casi todas las culturas los hombres, y no las mujeres, participan en la caza y en la guerra. Sin duda, señalan, ello demuestra que los hombres poseen tendencias de base biológica hacia la agresión de las que carecen las mujeres. Para negarlo, otros sociólogos afirman que el nivel de agresividad de los varones varía ampliamente de una cultura a otra, de la misma forma que se espera que las mujeres sean más pasivas o dulces en algunas culturas que en otras. No es tanto una cuestión biológica, sino consecuencia de que en la mayoría de las culturas la mayor parte de las mujeres pasan una parte significativa de su vida educando y cuidando a los hijos, lo que les impide participar en la caza y en la guerra. Desde este punto de vista, las diferencias en el comportamiento de hombres y mujeres se desarrolla principalmente mediante el aprendizaje social de las identidades femenina y masculina.Numerosas investigaciones han intentado fundamentar esta segunda opción: las conductas masculina o femeninas son socialmente aprendidas. Estos estudios afirman que la mayor parte de las formas de discriminación de género son más sutiles de lo que pensamos. Aunque algunos mayores consideran que tratan de forma igual a los niños y las niñas, en la realidad se producen, de forma inconsciente, diferencias significativas. A los adultos que se les pide que describan la personalidad de un bebé lo hacen de diferente manera dependiendo de si creen que el bebé es un niño o una niña. En un experimento se observó a cinco madres jóvenes interactuando con una niña de seis meses llamada Beth: le solían sonreír continuamente y le daban muñecas para que jugase. Decían que era muy dulce y que tenía un llanto suave. La reacción de un segundo grupo de madres con un niño de la misma edad llamado Adam fue notoriamente diferente. Le solían ofrecer un tren u otro juguete masculino. Beth y Adam eran de hecho el mismo bebé, vestido de diferente manera. Otro estudio analizó las palabras empleadas para referirse a los recién nacidos por el personal médico que atendía los partos. A los recién nacidos varones se les describía como robustos, guapos o fuertes; de las niñas se decía que eran delicadas, dulces o encantadoras: aunque en realidad no existían diferencias de peso o tamaño entre los bebés en cuestión.Quienes defienden que las diferencias de género son aprendidas sostienen, además, que ya existen claves preverbales en la constitución del desarrollo inicial de la conciencia de género: diferencias en el vestir, en el corte de pelo, etc. proporcionan claves visuales de los niños durante la fase de crecimiento. Diferencias que se acentuan con el paso de los años y que están relacionados con los juguetes, las expectativas creadas en los mayores, los libros de cuentos, la televisión, la influencia de la escuela del grupo de pares (niños de la misma edad), el modelo de los adultos y, en general, todo lo que atañe a las relaciones en la sociedad.El sexismo se puede interpretar, también, como el aspecto o expresión de una sociedad en la que las mujeres no son sólo diferentes o desiguales, sino que, además, se hallan oprimidas, subordinadas, y son, moldeadeas y usadas por parte de los hombres, es decir, como consecuencia de una relación de poder, en la que la mayor parte de las veces los hombres logran sus objetivos y las mujeres no.El sexismo, igual que el racismo, etiqueta de tal manera a hombres y mujeres que los obliga a entrar en moldes caractereológicos rígidos. En este sentido, la experiencia de James Morris puede ser paradigmática.James Morris se sometió a una operación de cambio de sexo y se convirtió en Jan. El libro que escribió relatando su experiencia proporciona algunas percepciones particularmente útiles sobre los diferentes mundos en que habitan hombres y mujeres:"Me parece que no hay ningún aspecto de la existencia, ningún momento del día, ningún contacto, ningún arreglo, ningúna respuesta que no sea distinta para los hombres y las mujeres. El tono de voz con el que ahora se dirigían a mí, la postura de la persona que tenía al lado, la sensación cuando entraba en una habitación o me sentaba en la mesa de un restaurante, enfatizaban constantemente mi cambio de estatus.Y si las reacciones de los otros cambiaban, también lo hacían las mías; cuando más me trataban como una mujer, más mujer me hacía. Me adaptaba. Si se suponía que era una incompetente para dar marcha atrás a los coches, o para abrir botellas, me encontraba volviéndome extrañamente incompetente. Si se pensaba que una maleta era demasiado pesada para mí, inexplicablemente así la encontraba yo…Me divierte pensar, por ejemplo, cuando me invita a comer alguno de mis más civilizados amigos varones, que no hace tantos años ese obsequioso camarero me hubiera tratado a mí como ahora le está tratando a él. Entonces me habría atendido con seriedad respetuosa. Ahora abre mi servilleta con un además juguetón, como para agradarme. Entonces se hubiera ocupado de mi pedido con grave preocupación, ahora espera que diga algo frívolo (y lo digo)".
SITUACIÓN ACTUAL
Nadie duda que las desigualdades entre hombres y mujeres han disminuido en muchas partes del mundo y que, aunque de forma parcial, se han cumplido muchas de las exigencias de igualdad. Por ejemplo, las planteadas por las sufragistas. Prácticamente en todos los países del mundo que eligen sus gobernantes a través de votaciones, han suavizado la discriminación hacia las mujeres; algunos desde hace muchos años, como Nueva Zelanda (1893) o Finlandia (1906), y otros más tarde como Francia (1945) o Grecia (1952). También en el terreno legislativo se han producido cambios destinados a imponer un tratamiento de igualdad entre hombres y mujeres. Así sucede, por ejemplo, en el Derecho Internacional, muchos de cuyos derechos son recogidos por la mayoría de constituciones actuales. En esta legislación sobre igualdad de oportunidades, destaca el derecho a la educación, fenómeno que muchos consideran crucial en el camino hacia la plena igualdad: ¿será posible?
NUCLEO PROBLEMICO 5
PREGUNTAS GENERADORAS
1. Como diferencia la sociolingüística el género del sexo?
En primera instancia, el estudio sexismo pone en evidencia la visión dominante de la sociedad y la relación entre los géneros es, predominante, masculina, la existencia de diferentes lingüísticas asociadas al genero que implicaría tanto la existencia de diferencias sociales como diferencias culturales. (Una visión diferente de la realidad, diferentes valores y diferentes comportamientos sociales). Este cambio estaría vinculado tanto como el rechazo de la mujer de los distintos estereotipos sociales y lingüísticos como lo que farclough denomina “democratización” del discurso, que conlleva a que las asimetrías de genero en el discurso se vean cada ves mas cuestionados
2 como se enfoca el término género en el núcleo de conocimiento propuesta a su consideración?La perspectiva de géneros abordan muchas propuestas mas que por motivo de tiempo y de espacio no podemos desarrollar con exactitud estos conceptos dando merito a diferenciar el genero como un hecho social y no natural.así mismo los estudios de genero como lo determina el feminismo luchando contra la exclusión de las mujeres en todos los ámbitos, cultural, social, político e intelectual y la literatura produce muestras de esas desigualdades de genero que contribuyen a la prescepcion social entre las diferencias entre el hombre y la mujer.
3 que se entiende por clase social en el ámbito lingüístico?
El lenguaje puede calificarse en diversas categorías, en las cuales se establece la presencia del hablante en relación con la sociedad en general y su grupo en particular. Se hace necesario establecer variaciones que el lenguaje experimenta en su aspecto de significación cuando entran en juego factores, el origen regional, la clase social, la edad, el sexo, la profesión y otras circunstancias que se enmarcan dentro de los contextos ambientales y lingüísticosDonde en el lenguaje es uno de los modos de representar el medio social, por lo tanto se reconoce que representamos nuestra experiencia de la realidad y nuestras relaciones con lo demás.Es así que el lenguaje encaja dentro del comportamiento socio cultural de los individuos y más específicamente como la estructura gramatical es parte de la cultura y la clase social
4 Que es un estilo informativo genérico?
Propio de los varones para quienes el habla es un medio de preservar su independencia y de negociar su estatus dentro de la jerarquía.
El lugar mas adecuado para su desarrollo serán lo grupos amplios en los que los vínculos no son muy estrechos, pues en situaciones intimas resultan mas difíciles de conservar sin suministrar información personal.
5 Que es un estilo racional genérico?
Propio de las mujeres en el que se suceden las marcas de solidaridad. El énfasis recae en la exhibición de similitudes y en la aportación de experiencias comparables. Figura en las estrategias de cortesía positiva, el suministro de datos privados desarrollados en grupos pequeños, en el hogar, entre amigos, donde son las mujeres las que aportan experiencias personales como ejemplos
6 Como influye la tendencia socio-económica y cultural en el sexismo?
Por una parte el estudio del sexismo pone en evidencia como la visión dominante de la sociedad y de las relaciones entre los géneros es predominante, masculina, pero también las investigaciones se han dirigido a determinar si existe un sociolecto femenino presente o al menos un estereotipo de habla y conversación femenina las existencias de diferencias lingüísticas asociadas al genero implica tanto la existencia de diferencias sociales ”especialmente diferencias de poder” como de diferencias culturales donde hay una visión diferente a la realidad, diferentes valores y diferentes comportamientos sociales y culturales.
1. QUÉ SE ENTIENDE POR EDUCACIÓN LITERARIA?
Hasta el siglo XIX, el término “literatura” significaba “cualquier obra escrita”. Aunque ya en 1759 Lessing lo utilizaba en un sentido moderno, fue Mme. Stäel quien, en 1880, atribuye a dicho término la actual acepción. No obstante, el interés por una definición científica tiene su origen en los análisis modernos que se proponen trazar los límites que separan la literatura de otros lenguajes y de otras manifestaciones culturales. A pesar del aludido carácter moderno de la palabra “literatura”, hemos de referirnos a algunas descripciones de lo literario y de la misma literatura para concluir que es «un lenguaje artístico elaborado con los procedimientos de una lengua». Esta descripción elemental integra tres conceptos claves (“arte”, “lengua” y “lenguaje”) que, interpretados y valorados de formas diferentes en las distintas épocas, definen la literatura en su conjunto, identifican cada obra literaria y pueden servir para orientar las distintas actividades críticas, es decir, definir, clasificar, interpretar y valorar.
2. ¿CÓMO IDENTIFICAR EL PASADO Y PRESENTE DE LA EDUCACIÓN LITERARIA EN GRUPOS CULTURALES?La educación literaria en los grupos culturales se ha unido aplicando desde diferentes etapas.Desde finales de la edad media hasta el siglo XIX la educación literaria de las minorías se orientaron en la adquisición de las habilidades de elocución que Iban a permitir desenvolverse de una forma correcta, eficaz y apropiada en las actividades comunicativas habituales de la vida social.La literatura aparece entonces como el modelo canónico de discurso oral o escrito y su dominio será fundamental de los modos simbólicos desde diferentes grupos sociales. Es así que la retórica, en su calidad de arte de discurso educaba en el uso adecuado del texto en el uso adecuado del texto, mientras que la lectura suministraba a los referentes culturales y los modelos expresivos del buen decir y del buen escribir.El conocimiento de la historia ah sido el objetivo primordial de la enseñanza de la literatura desde el siglo XIX hasta hoy. El romanticismo y el positivismo contribuyen a concebir que la literatura sea transparente de la vida cotidiana de los pueblos y de las ideologías emergentes de las nuevas nacionalidades.A partir de la década de los sesenta, se pretende orientar la educación literaria a la adquisición de hábitos lectores y a la formación de competitividad entre los implicados en este aspecto. El formalismo y el estructuralismo literario aparecen entonces como las teorías subyacentes a un nuevo modelo didáctico de análisis científico de los textos, viene siendo una herramienta de uso habitual, donde aparece la función poética del lenguaje (jakobson 1963).En los años ochenta el texto literario como un tipo de uso comunicativo mediante el cual las personas intenta dar sentido a la propia experiencia, indagar sobre su identidad individual y colectiva y utilizar el lenguaje de una manera creativa de ahí da necesidad de utilizar otros criterios en la selección de las obras de literatura (pennae1992) y en el disfrute del texto literario durante la infancia y la adolescencia como una estrategia de acercamiento mas complejo y reflexivo.
3. ¿CÓMO DESARROLLAR LA EDUCACIÓN LITERARIA EN EL AULA?La educación literaria en el aula debe contribuir a la adquisición de los conocimientos, de las habilidades (interpretativas y creativas) y de las actitudes ante el texto que fortalezcan la competencia literaria de los estudiantes.Es importante tener en cuenta utilizar textos cuya lectura formal o semántica facilite la comprensión de su significado pero que a las ves inviten a una lectura ajena a los modos habituales de enfrentarse a los textos usuales de la vida personal y académica del estudiante.No tiene sentido, evocas formas lingüísticas al estudiante cuando este no asimila la experiencia estética de carácter personal, donde se fortalezcan la diversidad de gustos, expectativas y competencias lectoras de manera práctica y objetiva.Es importante tener en cuenta que las actividades de aprendizaje literario contribuyan al desarrollo de las capacidades de comprensión de los textos.Por ultimo conviene llevar al estudiante, a escribir en el aula “poesía” a partir de los modelos expresivos de la tradición literaria como un juego libre, o colectivo, teniendo como estrategia estimular su uso creativo del lenguaje. Los talleres de escritura literaria son eficientes en este proceso.
4. ¿CUÁL ES LA INCIDENCIA DE LA EDUCACIÓN LITERARIA EN GRUPOS GENÉRICOS Y CULTURALES?La educación literaria incide en grupos genéricos y culturales como instrumento para un discurso modernizador de la experiencia social, donde es vista la cultura como un espacio para recrear los hábitos variados de comunicación y de relación de la sociedad de la que estos grupos forman parte.Así cada individuo es altamente influenciado en su vida y en su pensamiento, por los textos literarios en que se siente representado con su sociedad, su género y su cultura, al tipo que identifica sus anteriores y hasta prevé las próximas generaciones literarias (Carlos Lomas 2.006.19).GRUPOS GENERICOS: conjunto de fenómenos sociales, culturales, psicológicos y lingüísticos que asocian los diferentes grupos culturales a las diferencias de sexo (Carlos lomas)
LA ENSEÑANZA DE LA LITERATURALa didáctica de la literatura como área de reflexión se ha formado en las últimas décadas, especialmente desde finales de los años sesenta. Durante esos años empezó a hacerse evidente que el modelo de enseñanza literaria gestado en el siglo XIX resultaba inadecuado para la nueva sociedad de masas configurada en los países occidentales postindustriales. Esta constatación provocó una crisis a la que la reflexión educativa ha intentado hallar soluciones a partir de los avances producidos en las distintas disciplinas de referencia durante este período y, poco a poco, se han ido trazando nuevas coordenadas educativas.La enseñanza de la literatura resulta muy sensible a los cambios producidos en los mecanismos de producción cultural y de cohesión social de los distintos momentos históricos. Ello se debe a que la literatura se sitúa en el campo de la representación social, refleja y configura valores e ideología, y participa en la forma de institucionalizarse la cultura a través de la construcción del imaginario colectivo. El modelo adoptado responde, así, en primer lugar, a la función que cada sociedad atribuye a la literatura. Esta función se corresponde con la determinación de unos contenidos docentes, de una selección de textos y de unas prácticas de enseñanza en el aula. A partir del análisis de estos elementos pueden esquematizarse los grandes ciclos de la evolución de la enseñanza literaria en los siguientes modelos didácticos.Aprendizaje del discurso oral y escrito.Este modelo fue el vigente desde finales de la Edad Media asta, prácticamente, el siglo XIX. No respondía propiamente al propósito de enseñar literatura, sino que ésta aparecía como una actividad de elocución que preparaba para actividades profesionales (el sermón eclesiástico, el discurso político, la escritura al dictado de clérigos, notarios o escribientes...). Asimismo se entendía que la literatura proporcionaba también los valores morales que debían contribuir a conformar la personalidad de los aprendices. La retórica educaba en el dominio del texto y del discurso, mientras que la lectura de los clásicos griegos y latinos suministraba tanto los referentes morales y discursivos compartidos, como las posibilidades expresivas y aun las citas a utilizar en la construcción del texto.La posesión del patrimonio histórico.El siglo XIX atribuyó una nueva función a la enseñanza literaria a partir de la confluencia del romanticismo, el positivismo y la construcción de los estados nacionales. El fin del clasicismo como eje educativo, la constitución de la literatura propia como esencia cultural de la nacionalidades y el establecimiento de un sistema educativo generalizado y obligatorio cambiaron la función de la enseñanza literaria, que se encaminó entonces a la creación de la conciencia nacional y de la adhesión emotiva de la población a la colectividad propia. En todos los países, la historiografía literaria seleccionó y sancionó los autores y las obras claves del patrimonio nacional y creó la conciencia de un pasado y un bagaje cultural que debían ser difundidos y exaltados durante la etapa escolar.El modelo surgido de estas premisas ha sido enormemente estable. El estudio escolar de una manual de historia con fragmentos antológicos y ejercicios explicativos ha constituido la práctica de la enseñanza de la literatura, entendida como acceso a la cultura, al menos hasta la década de los sesenta. Además de su estabilidad en el tiempo, el modelo ha sido, también esencialmente el mismo desde la escuela primaria hasta la universidad, entendiendo bien que los alumnos de todas las edades (es decir, que todos los ciudadanos) formaban una misma comunidad de lectores en potencia (a través de la “noticia” de los autores y de su reverencia anticipada) o en acto. Asimismo, la idea de un camino único de progreso venía reforzada, a través de todas las etapas educativas, por la concepción de la lengua literaria como lengua modelo, como cúspide de todas las posibilidades expresivas.La capacidad de interpretar el texto.Durante los años 60, la escuela, como institución social, tuvo que afrontar el fracaso de su modelo de cultural y lingüística. Los factores que determinaron el fin del modelo anterior se hallan estrechamente vinculados entre sí, pero podemos distinguir, entre otros, los siguientes motivos:• La nueva organización de las sociedades postindustriales, con una fuerte explosión demográfica y una progresiva necesidad de ampliar el período de escolarización de todos los ciudadanos. La extensión de la etapa secundaria mostró la dificultad de mantener un modelo de enseñanza concebido para los sectores minoritarios de la población.• La necesidad de adoptar una visión funcional de la lectura y, por lo tanto, el fin de la enseñanza literaria como eje de configuración de los aprendizajes. El desarrollo de una sociedad altamente alfabetizada y con presencia de medios audiovisuales modificó radicalmente, tanto los usos lectores, como los mecanismos de creación del imaginario colectivo. La multiplicación de las obras literarias en la nueva sociedad de consumo.
¿QUE ES UN GRUPO GENÉRICO?
Conjunto de fenómenos sociales, culturales psicológicos y lingüísticos que asocian los diferentes
grupos culturales o,las diferencias de sexo. ( CARLOS LOMAS). Cada individuo es altamente influenciado en su vida y en su pensamiento por los textos literarios en que se siente representado con su sociedad su genero y su cultura al tipo que identifica sus anteriores y hasta preve las próximas generaciones literarias.
¿CUAL ES LA INCIDENCIA DE LA EDUCCIÓN LITERARIA EN GRUPOS GENÉRICOS Y CULTURALES?
La educación literaria incide en grupos genéricos y culturales como instrumento para un discurso modernizado de la experiencia social donde es vista la cultura como un espacio para recrear los habito variados de comunicacion y de relación de la sociedad de la que estos grupos forman parte. Así cada cada individuo es altamente influenciado en su vida y en su pensamiento por los textos literarios en que se siente representado con su sociedad su genero y su cultura al tipo que identifica sus anteriores y hasta probé sus propias generaciones literarias.